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Margarina: Una historia de lobbies y de bloqueo tecnológico

12 March 2009 3,425 views 2 Comments

En la historia de la economía han sido numerosos los ejemplos de bloqueo tecnológico en el que una serie de grupos de presión han tratado, y en ciertas ocasiones conseguido, de evitar o retrasar ciertos progresos tecnológicos. Existe un consenso entre los economistas que asegura que los frenos al progreso tecnológico repercuten negativamente en la prosperidad de las economías, sin embargo es innegable que los episodios de bloqueo son frecuentes y en muchas ocasiones de una enorme transcendencia. Hoy repasaremos uno de estos episodios: el de la margarina. Vayamos unos siglos atrás…

En los sesenta del siglo XIX, el emperador Louis Napoleon III de Francia ofrece una recompensa a aquel que le ofrezca una alternativa barata a la mantequilla, que sirva de alimento tanto para sus fuerzas armadas como para las clases bajas. En respuesta a este ofrecimiento, el químico francés Hippolyte Mège-Mouriés inventa una sustancia a la que da el nombre de oleomargarina, aunque después este nombre se recorta para dar lugar a la conocida margarina. Mège-Mouriés se basó en anteriores descubrimientos de Michel Eugène Chevreul y de Wilhem H. Heintz, para su invención.

La recompensa ofrecida por Napoleón había dado sus frutos, y Francia tenía a su disposición un sustituto, barato y de sabor similar, de la mantequilla. El negocio de la mantequilla empezó a prosperar y en 1873 las empresas de la margarina cruzan el Atlántico para expandirse por el jugoso mercado estadounidense. A finales de esta década, la margarina era vendida en el viejo y el nuevo mundo.

Pero la prosperidad de la margarina empezó a despertar los recelos entre los productores de mantequilla, que empezaron a reclamar medidas que bloquearan o dificultasen la introducción de este producto en los mercados. En 1877, el lobby lácteo consiguió su propósito y diversos estados de Estados Unidos introdujeron leyes que restringían la venta y el etiquetado de la margarina. A mediados de los 80, el gobierno federal de este país, imponía un impuesto de dos centavos por libra (454 gramos) y la necesidad de una costosa licencia para hacerla o venderla. El acoso a la margarina había empezado.

La industria láctea puso un especial empeño en asegurar que la margarina pudiese ser claramente distinguida de la mantequilla. Una vez que habían logrado la obligación de que la margarina fuese etiquetada claramente como tal, centraron sus esfuerzos en que el producto que se encontraba dentro del envase fuese también notablemente diferente. Para ello, en primer lugar, se impuso la prohibición de agregar a la margarina (que es blanca o casi blanca en estado natural) ningún tipo de colorante. Esta prohibición se ha mantenido durante años en muchas regiones, por ejemplo en Wisconsin donde todavía se mantiene o en Quebec hasta 2008.

El lobby de la mantequilla seguía acechando a la margarina y las leyes llegaron incluso a forzar a los productores a añadir colorante rosa al producto, para que éste fuese menos apetecible. Pero el Tribunal Supremo abolió esta ley.

A principios del siglo XX, 32 estados y un 80% de los estadounidenses no podían comer margarina amarilla, y los que sí podían hacerlo tenían que pagar altos impuestos. Los impuestos y regulaciones tuvieron un efecto significativo: el consumo se redujo de 120 millones de libras (54.000 toneladas) a sólo 48 millones (22.000 toneladas).

Pero la I Guerra Mundial invirtió esta tendencia. En los países próximos al conflicto, los productos lácteos escaseaban y eran racionados. La margarina se convirtió en un producto popular, y la mantequilla en un bien de lujo. Tras el conflicto los tiras y aflojas entre las dos industrias continuaron. La Gran Depresión reforzó la posición del lobby lácteo y trajo consigo nuevas leyes anti-margarina; la Segunda Guerra Mundial, reanimaba a la industria de la margarina.

Durante la posguerra la margarina dejó paulatinamente de ser perseguida y muchas de las prohibiciones y restricciones desaparecían. Sin embargo, algunos vestigios de estas restricciones aún se mantienen, por ejemplo la prohibición de vender en Estados Unidos de margarinas en envases de más de una libra.

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2 Comments »

  • Jhon Alexander said:

    ps muy buena info….. me srivio para parte de mi ensayo sobre lobbies y sus manipulaciones politicas y comerciales….

    thnxs……

  • Economía Informal » Blog Archive » De American cheese y queso análogo said:

    [...] nombre para distinguir su producción nacional de los quesos europeos. Al igual que sucedería en el caso de la margarina, el lobby lácteo americano tuvo una gran transcendencia en el devenir de este [...]

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